LA COLACIÓN, PORQUE ALGUNA VEZ LA DISTE.

lunes, 24 de septiembre de 2007

Revolución Capitulo 1. --Recordarte--

I.
Recordarte…







Decidí salir a caminar, aun cuando ya hubiera caído la noche y esa sutil llovizna mojara completamente aquella media luna. Fue así como recorrí por única vez de ida y vuelta la avenida que atraviesa de manera paralela mi casa. Para ser sincero, camine hasta que como limite involuntario me termine una cajetilla de cigarros (hecho que debido a mi increpante nerviosismo me obligaba a regresar a casa de manera inmediata por otra ración de tabaco), y llore hasta tener los ojos desbordados de lagrimas, sin olvidar que aquellas insistentes nauseas que me obligaron a vomitar dos veces sobre la acera.

Tenia el estomago revuelto, y aquella sensación se incrementaba de manera astronómica al pensar que tan solo hace tres días, solo tres, vi a Alexandra por ultima vez. Salí de su casa con la mecanizada rutina que logramos perfeccionar con el paso de nuestro tiempo juntos, y que iniciaba al salir de aquella morada ubicada en esa particularmente ruidosa esquina de la ciudad. Yo debía voltear a la ventana de su recamara, ubicada en el segundo piso y segunda ventana de la parte izquierda de la misma, y ella desde ahí, siempre me mandaba su bendición, la cual daba por finalizada al mandarme un beso al aire…caricia que yo remataba al recibirlo con la mano y dirigirla hacia mi boca. En tres años de relación, Alexandra y yo nunca dejamos de realizar aquel hermoso rito el cual era simplemente nuestra comunión personal. Aun ahora con el paso del tiempo, cambios de lugar y las nuevas personas en mi vida, nunca he dejado de mirar al segundo piso y a la segunda ventana de la parte izquierda de cualquier casa. Tal vez todavía con la esperanza de ser parte solo una vez más de aquella agradable cávala.

Aquel terrible miércoles comprendí de la manera más difícil que puede existir para una persona, que la vida en esta enorme ciudad devora casi siempre a la gente buena (a la que sin importar las dificultades económicas, sociales o religiosas, vive su vida de la manera mas honrosa y decente posible) y que escupe a la fétida y mayoritaria escoria que solo busca de la manera mas sencilla, adueñarse de lo que la gente que la gente normal posee. Alexandra nunca fue mi novia, y por más que he intentado hasta hoy no recuerdo que en algún momento debatiéramos el tema, sería simplemente porque no lo necesitábamos. La compañía y entendimiento que lográbamos al hacer nuestra vida en conjunto tranquilizaba en gran medida nuestras alocadas almas. Era extraño pensar que lo que nuestras familias llamaban noviazgo después de casi tres años, para nosotros nunca tuvo nombre, o al menos nunca se menciono.

En aquel callejear, y al fumar cigarro tras cigarro, reflexione para mi interior lo Alexandra había representado en mi vida. Mis lágrimas rodaron lentamente como si no quisieran alejarse de mí al recordar esa hermosa noche en la después de hacer el amor aspiraba aquella tenue fragancia de su ser que eclipsaba todo mi cuerpo y me hacia sentir que tocaba el cielo. Ese día reímos, lloramos y juramos seguir juntos por siempre. En aquel hotel viejo hotel en el que la voz de Alexandra resonaba con el eco que se formaba por aquellas viejas paredes de madera, escuche de su boca las únicas palabras que hasta hoy han tenido sentido en mi vida.

-Alguna vez escuche…- Me dijo sin mirarme.
-Que es casi imposible encontrar a la persona que pueda estar a tu lado sin tener que decir una sola palabra y no hacerte sentir incomodo.- Me miro lentamente y sonrío de manera casi imperceptible.
-Ahh si.- Conteste con un tono un poco incrédulo.
- Y también escuche, que es aun más difícil encontrar a la persona de la cual puedas aspirar su respiración sin sentir esa sensación de ahogo y desesperación- Se acerco a mi con la cautela que solo logra un cazador al acecho de su presa.

Después de decir eso me miro de una forma tan extraña y tan impactante que no supe como responder con palabra alguna. La única forma que tuve de expresar lo que sentía, fue besarla largamente y abrazarla fuerte contra mi pecho. Ella pues, era para mi aquella persona imposible y por esa razón la ame con ansias locas. Representaba y mantiene hasta la fecha ese espacio, como lo mejor que ha sucedido en mi vida.

Tal y como si fuera ayer, recuerdo aquella última noche y puedo evocar claramente segundo a segundo lo acontecido. Faltaban cinco o tal vez diez minutos para irme, ella sabía de antemano que al día siguiente tenia una cita importante. Sin embargo saco el tema de mi cita a plática. De esta manera tuve que darle una explicación sobre mi importante cita, aquellos cinco minutos estos se convirtieron en diez, y de ahí sin sentido alguno comenzó la discusión. La razón… la mas absurda que pueda ser imaginada y por la que siempre discute una pareja, un pequeño mar de trivialidades que servían como puntas de lanza para saber quien era capaz de dominar de mayor forma la relación. De aquellas situaciones conocíamos de antemano su solución, y esta llegaba sin falta al siguiente día con un tierno beso. Sin embargo, Alexandra salio ese miércoles en la noche al cajero automático y esa reconciliación nunca llego.

Tres horas después, alrededor de las 12 de la noche, Raúl su hermano mayor y amigo mío desde la infancia, me telefoneo para darme la noticia de su muerte. Una noticia así sacude al más fuerte, y recibirla para despertar abruptamente hace la comprensión del hecho aún más difícil. Debo confesar que desde ese día hasta hoy, una punzada en el estomago similar a una gastritis descontrolada me acompaña a toda hora. No podré negar que después de ese profundo shock, el primer sentimiento que intervino en mi fue el de la culpa. Me apesumbro por años el no haberla acompañado y haber estado con ella aun y cuando nunca me comento que saldría. Por desgracia ese tan conocido “hubiera” no existe. Así que deje de sentirme culpable después de algún tiempo y solo en cierta parte.

Las formalidades de su sepelio se llevaron a cabo de una forma que solo puedo calificar como “acida”. La muerte de Alexandra mantenía a toda su familia en la conmoción más profunda y a los agentes judiciales con órdenes de averiguación y cateo cerca de ellos para hacer las preguntas más incomodas en el momento menos indicado. Aquella escena recreaba de manera simplista un cuadro dantesco, en la cual, las expresiones faciales de todos los presentes en aquel momento no permitía discernir a la familia de los amigos. Todos querían a la flaca.

Por otra parte, el ser novio de Alexandra me envío de manera directa a una visita todo pagado al ministerio público, la cual por cierto no fue muy afortunada. Recuerdo estar sentado en aquella incomoda silla de madera barata de los separos, en la cual había que hacer maravillas para sostener el equilibrio pues una de las patas estaba casi rota. Después de unos segundos en aquella gris habitación que deprimía de solo mirarla y en donde sostenía mi encierro involuntario, ingreso un policía de complexión robusta, larga barba y un aliento mortal que lograba irremediablemente que yo volteara al lado contrario de aquel horrible vaho para respirar un poco y responder de manera entrecortada a sus preguntas. Tiempo después entro otro agente completamente diferente al primero. Este lucia un traje de buena calidad y su manera de hablar denotaba un nivel educativo diferente, “Tiene buena estampa” dije para mí. Sin embargo el no me pregunto nada, se limito a acomodarse en una silla justo detrás de mi y solo se dedicaba a asentir cada interrogante que el otro gendarme realizaba mientras leía el contenido de un fólder amarillo, “La averiguación previa” pensé. Nunca escuche sus nombres y durante mi infortunada serie de preguntas y respuestas, conteste una y otra vez las mismas interrogantes sobre la muerte de la mujer que amaba y aunque dijera la más clara de las verdades para ellos, todo lo que contestara sonaba al más alarmante embuste. Durante este lapso de tiempo no pude disfrutar ni un segundo el impacto de la muerte de mi amada. El hablar sobre ella durante tantas horas en ese lúgubre lugar me evitaba pensar que ella no estaba mas conmigo. Dentro de mí, reía hasta el cansancio ante las imbeciles y mal estructuradas preguntas de aquel sujeto, frases tan trilladas como las de “¿Usted la mato?”, ¿En donde estuvo 3 horas después de que la dejo a ella en su casa? Así prosiguió el interrogatorio durante todo ese tiempo.
Sin obtener información alguna de mi y sin hacerme sentir el mínimo indicio de culpa que buscaban, salí de ese lugar mas molesto que deprimido por la forma en que me trataron en aquel lugar. Para esta ciudad solo somos números…números.

Por fin y como una bendición esa noche lluviosa por fin pude llorar, deprimirme y recordarla solo para mí en lo más profundo de mí ser. Evocar su aroma, el color de su cabello, el tenue tono de su voz, todo lo que marcaba su huella en mí. Aquella avenida era tan prolongada como la basta cantidad de recuerdos que deje salir de mi mente en esos momentos y que quemaba con cada bocanada del humo del cigarro que exhalaba en mí caminar. En esos precisos momentos quise definir mis sentimientos y solo halle uno, uno que emergió por sobre la telaraña de sensaciones que tenia en la mente y en el corazón. Odio, vil y vulgar Odio eso fue lo único que encontré.

Alexandra subió a su auto, alrededor de las 10:20 PM. Entro al cajero automático y saco 1500 pesos de su cuenta de ahorros, lo suficiente para sobrevivir con algún pequeño lujo durante la semana completa. Yo conocía muy bien su rutina. Le pondría gasolina al auto, separaría el dinero de las comidas del dinero para el fin de semana y así sucesivamente. Aquel control tan estricto de sus gastos le había ayudado a tener un mejor nivel de vida y hasta empezar a buscar una casa nueva… una nueva vida. Por lo grabado en el video de seguridad del banco, al salir del cajero tres personas se acercaron a ella, el primero le golpeo la cara con la cacha de una pistola, lo que la tiro al piso instantáneamente, el golpe la aturdió de manera brutal. El segundo le quito la bolsa para sacar el dinero y sin embargo, al momento de arrebatársela, ella alcanzo a sacar su teléfono celular. Estando aun en el piso, los hampones sacaron sus pertenencias y le hacían preguntas mientras sostenían en su cara sus tarjetas bancarias. Después de unos segundos Alexandra hizo acopio de fuerza e intento correr, el video no la mostró más. Después supimos que de su teléfono celular intento marcar el 060. Al encontrarla en el piso, la pantalla de su teléfono mostraba aquel tintineante número. La tecla send nunca fue marcada. Alexandra recibió 3 tiros por la espalda, siendo el último de ellos el que la mato. La bala impacto por la nuca destrozando el cerebelo y salio por la parte izquierda del mismo, en donde algunos científicos han definido que se encuentra la zona del recuerdo. Le pido a dios que no me haya olvidado.

Regrese a la casa alrededor las 5 AM sin importarme que fuera domingo y que al día siguiente tuviera que ir a trabajar. Estaba decidido a no hacer eso. Me recosté con los ojos hinchados y la extraña sensación de falta de aire que aparece al llorar en exceso .Por extraño que parezca a diferencia de los 3 días anteriores en los que no había podido cerrar los ojos en toda la noche ese día me dormí al instante y por fin después de tres largos y penosos días, descanse.

1 comentario:

PAT dijo...

Hola amiguito Picos

Que bien escribes, me sorprendes eh¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
No sabes hasta crei que era cierta la historia....jejeje....pero bueno que bueno que no, porque realmente era algo muy trágico.

Cuando publiques tu libro, me informas para comprarlo oki.

Saluditos